El marciano Imagen tomada del libro El marciano, Andy Weir.

Hace algunos años tuve la oportunidad de ver la película El marciano, dirigida por Ridley Scott, y recuerdo que me gustó mucho, ya que las películas relacionadas con el espacio, la ciencia o la exploración siempre me han llamado la atención.

Mucho tiempo después de ver la película me enteré de que está basada en un libro del autor Andy Weir, publicado en 2011, el mismo autor de Project Hail Mary, que próximamente leeré, y decidí comprarlo en formato Kindle para poder leerlo en cualquier momento libre y en cualquier lugar. Como suele suceder el libro estuvo ahí esperando, hasta que finalmente, a finales de 2025 me di el tiempo de leerlo con calma para poder disfrutarlo.

Para no entrar demasiado en la trama, me basaré en parte de lo que muestra el tráiler y el planteamiento inicial de la historia.

Un equipo de seis astronautas, encargados de una misión de exploración en Marte llamada Ares 3, se encuentra realizando trabajos científicos en la superficie del planeta. El problema surge cuando se aproxima una tormenta de arena, más fuerte de lo que la NASA pudo prever.

Durante la evacuación, uno de los miembros del equipo es dado por muerto. La capitana de la misión no quiere abandonarlo, pero permanecer ahí significaría que todo el equipo pierda la vida, por lo que se ven obligados a despegar y dejarlo atrás.

Ese astronauta es Mark Watney, quien sigue con vida, pero queda sin posibilidad de comunicarse y con el problema de sobrevivir con suministros planificados para seis personas durante aproximadamente un mes. La próxima misión que podría rescatarlo no será hasta dentro de cuatro años.

Mark Watney es ingeniero mecánico y botánico, una combinación poco común pero esta casualidad es crucial para su supervivencia, ya que no solo es capaz de reparar sistemas, improvisar soluciones y mantener funcionando el hábitat, sino también de intentar algo que parecía imposible, producir alimento en Marte.

Esa es la historia, la lucha entre el paso del tiempo, las inclemencias de Marte y el ingenio humano.

A partir de este contexto me centraré principalmente en el libro, ya que es la historia original y donde todo ocurre con más detalle.

La historia, en su mayor parte, es un diario personal, donde Mark va registrando lo que hace cada día, como sus pensamientos, análisis, decisiones, errores y resultados.

Uno de los aspectos que más me atrapó es que nos muestra el proceso mental de resolución de problemas. Hay decisiones que salen muy bien y otras que fallan por pequeños detalles imposibles de prever. Y, como creo que nos pasa a todos, después de frustrarse e incluso insultarse por no haber pensado en esos detalles, Mark respira, vuelve a analizar la situación y plantea una nueva solución. Con cada error, la solución se depura.

El libro se da el tiempo de explorar este proceso con profundidad, por eso podría parecer que la historia es lenta, pero realmente vale mucho la pena tomarse el tiempo de leer estos pensamientos.

Otro aspecto que llamó mucho mi atención respecto a Mark es que, además de ser muy inteligente y no tener reparo en poner en práctica su profesión, los astronautas de esta misión pasaron por evaluaciones psicológicas. Cuando la NASA descubre que Mark sigue vivo, consultan con la especialista encargada de esa evaluación, y ella afirma que Mark es la persona adecuada para sobrevivir, no solo por sus conocimientos técnicos, sino por su actitud frente a lo impredecible y su capacidad para enfrentar problemas sin derrumbarse.

Además de admirar la inteligencia y la actitud de Mark en su intento por sobrevivir, el libro da espacio a otros protagonistas importantes, como el equipo de la NASA.

Se muestra la lucha contra el tiempo, la presión política, el hecho de que los ojos del mundo están puestos en ellos, las decisiones éticas y el esfuerzo de algunas de las mentes más brillantes del mundo, trabajando jornadas interminables para encontrar soluciones, calcular trayectorias, rediseñar planes y asumir riesgos enormes con tal de traerlo de vuelta lo antes posible.

Como el propio Mark menciona en algún momento, es impresionante saber que las mejores mentes del mundo están dando todo para salvarlo.

En la película sí podemos ver la lucha de Mark y su capacidad para resolver problemas, pero por razones de tiempo se recorta gran parte de su proceso de pensamiento y varios de los obstáculos que tuvo que superar. Aun así, la esencia de la historia se mantiene.

Y algo que me llamó especialmente la atención es que, hacia el final, en la parte del rescate, la película se permite hacer un cambio respecto al libro, uno que fue un gran acierto. No entraré en mucho detalle para no arruinar la experiencia, pero fue poético.

Mark no sobrevive porque sea un genio al que todo le sale perfecto, sobrevive porque incluso en los momentos en los que todo sale terriblemente mal, no se deja arrastrar por el miedo. No se deja morir.

Esto se puede trasladar a muchos momentos de nuestra vida, pero quiero compartirlo desde mi análisis personal, desde mi profesión en la ingeniería de software.

En más de una ocasión, después de pasar por todo el proceso de ideación de un proyecto e invertir muchas semanas de trabajo, aparecen detalles que no habíamos contemplado y que pueden provocar errores importantes. A veces el problema más grave no es técnico, sino humano, la frustración, la presión del tiempo o incluso las implicaciones económicas pueden complicar aún más la situación.

En ese sentido, así como en la historia de El marciano, la inteligencia y el conocimiento son fundamentales, pero no son suficientes. El cómo afrontamos los problemas es un punto muy importante, detenernos, analizar lo ocurrido, aceptar el error, aprender de él, ajustar la solución y volver a ejecutar. Una y otra vez.

Este ciclo se parece mucho a lo que vemos en metodologías iterativas de trabajo, donde no se busca que todo salga perfecto desde el inicio, sino mejorar progresivamente a partir de lo que falla, refinar la solución y avanzar con lo aprendido.

Algo que ya mencioné antes, y que me pareció muy humano en el personaje de Mark, es la forma en la que se habla a sí mismo. Se permite quejarse, desahogarse incluso, pero no se queda ahí, no se bloquea. No deja que la frustración lo domine. Para mí, esta es una de las lecciones más importantes que deja El marciano.

Otro punto clave es que Mark nunca tiene una garantía absoluta de que sus soluciones van a funcionar. Tampoco sabe con certeza si el equipo que intenta rescatarlo llegará a tiempo. Y aun así, decide avanzar.

En muchos proyectos ocurre algo similar, trabajamos con información incompleta, con recursos limitados o enfrentándonos a problemas nuevos en los que nunca hemos trabajado antes. Nos basamos en nuestra experiencia, en nuestros conocimientos y en lo que creemos que puede funcionar, pero no existe certeza absoluta.

Al final, la pregunta no es si tenemos control total sobre el entorno, porque casi nunca lo tenemos, sino qué hacemos cuando no lo tenemos. Qué decisiones tomamos, cómo reaccionamos ante el error y qué actitud mantenemos frente a lo impredecible.

Incluso en la historia es interesante cuando Mark debe trabajar con tecnología heredada, adaptando sistemas diseñados muchos años atrás a una realidad completamente distinta. Algo que quienes trabajamos con plataformas antiguas o sistemas heredados nos ha pasado, entender lo que ya existe, ajustarlo y hacerlo funcionar en un contexto para el que no fue pensado originalmente.

La historia de El marciano te puede gustar si disfrutas las historias tranquilas, que se toman el tiempo de mostrar la resolución de problemas. No es una historia de acción desenfrenada, al contrario, tiene pausas, silencios y momentos de calma.